92. Origen de la justicia.– La justicia, la equidad, tiene origen en los hombres más o menos igualmente poderosos, como Tucídides lo ha expresado muy bien en el honroso diálogo entre los diputados atenienses y los médicos*. Es a saber que allí donde no hay poder claramente reconocido como predominante y donde una lucha no conduciría sino a daños recíprocos sin resultados, nace la idea de un acuerdo y de discutir las pretensiones de una y otra partes: el carácter del trueque es el carácter inicial de la justicia. Se da a cada cual lo que quiere tener, de modo que en adelante sea suyo, y en cambio, se recibe el objeto propio de deseo. La justicia es, pues, una compensación y un trueque en la hipótesis de una potencia aproximadamente igual; y así es también cómo originariamente la venganza pertenece al reinado de la justicia y es un cambio. Lo mismo sucede con el reconocimiento. La justicia se vuelve, naturalmente, al punto de vista de una observación juiciosa, y por lo tanto, al egoísmo, por medio de esta reflexión: «¿Con qué objeto causarme daño inútil, sin realizar quizá mi propósito?» He aquí el origen de la justicia. Porque los hombres, siguiendo su costumbre intelectual, han olvidado el fin original de los actos justos, equitativos, y sobre todo, porque durante siglos los niños han sido educados para admirar e imitar tales actos, poco a poco ha nacido la apariencia de que un acto justo seria un acto no egoísta. Es, pues, en esta apariencia donde descansa la alta estimación que se tiene por aquélla, la cual, además, como toda estimación, está continuamente empeñada en elevarse todavía, pues una cosa altamente estimada, trata de alcanzarse por medio de sacrificios, imitada, multiplicada y engrandecida por el hecho de que el valor del trabajo y del celo que cada cual dedica a ella, viene a añadirse el precio de la cosa misma ¡Qué poco moral sería el aspecto del mundo sin la facultad del olvido! Un poeta podría decir que Dios ha instalado el olvido como un ujier en el umbral del templo de la dignidad humana.
Friedrich Nietzsche

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