jueves, 3 de marzo de 2011
La realidad es la única escuela, primera por su brutalidad, anterior a todas por su contundencia. Pero como ser humano, el poder cursarla es una tarea harto penosa. Para resistir sus feroces dictados, nada mejor que las ideas, pues para eso están, para que nuestra mente se abstraiga en los altos cielos del conocimiento, para luego arremeter en picada contra el ocre horizonte de nuestro contexto. Gracias a las ideas podemos decir peros que estremecer, hacer preguntas que desvelen, observar lo que ninguno de nuestros pares había reparado en observar. Lo cierto es que la realidad es la estremecedora incertidumbre, nada cómoda para quienes piensan, nada grata para quienes ignoran.
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